Si mezclamos la elegancia
rítmica de Cowboy Bebop, la crudeza
de John Wick y una banda sonora de jazz experimental, el resultado es Lazarus. Producido por el estudio MAPPA y Sola Entertainment, este anime no solo prometía ser el evento del
año, sino que ha redefinido lo que esperamos de la animación de ciencia ficción
contemporánea.
La historia nos sitúa en el año 2052. La
humanidad vive en una utopía gracias a Hapna,
una droga milagrosa creada por el Dr.
Skinner que elimina el dolor y la enfermedad. ¿El problema? Skinner desaparece y regresa tres años
después con un anuncio aterrador: Hapna
tiene un efecto secundario retardado. Todos los que lo consumieron morirán en
exactamente 30 días. Para encontrar a Skinner
y una posible cura, se forma un equipo especial de cinco agentes llamado Lazarus.
Lo primero que salta a la vista es la
dirección de arte. Shinichiro Watanabe
abandona la melancolía del espacio para sumergirnos en un mundo tecnológico
vibrante pero opresivo. Del mismo modo, las coreografías son de infarto:
Gracias a la colaboración de Chad
Stahelski, las escenas de combate se sientes tácticas y pesadas. No es
magia, sino combate cuerpo a cuerpo y balística pura llevada al límite por la
animación de MAPPA.
Por otra parte, la banda sonora es
espectacular (como en todas las obras del director). La música no es un
acompañamiento, sino un personaje. Con la participación de gigantes del jazz y
la electrónica (como Kamasi Washington
y Floating Points), cada persecución
se siente como un videoclip de alta gama. Asimismo, fiel a su estilo, Watanabe nos presenta a los miembros
del grupo Lazarus a través de sus
traumas y pasados, conectando las piezas de un rompecabezas global.
Aunque hay que señalar que no es una serie perfecta y
presenta varios problemas que no la ponen en lo alto de la carrera de su
director. Por una parte, el poder del guion siempre salva a los personajes de
los apuros más extraños al grado de permitir que éstos salten de edificios con
la esperanza de que se encuentren algo que los reciba en la caída y puedan
continuar una persecución. Al mismo tiempo, la serie presenta algunos errores
de continuidad y guion que desinflan un ejercicio estilístico por demás
interesante. Si bien es una serie de anime por encima de la media, Lazarus queda un poco lejos de las grandes
obras del director como Cowboy Bebop
o Samurai Champloo.
En definitiva, Lazarus es una carta de amor al thriller conspiranoico. Aunque el
ritmo puede sentirse acelerado en los episodios centrales debido a la urgencia
de la trama de los 30 días, la ejecución técnica compensa cualquier bache
narrativo. Para quienes buscan una serie madura, visualmente impecable y con una
trama que nos mantenga al borde del asiento, Lazarus es de visualización obligatoria. No es solo anime: es buen
cine de acción fragmentado en episodios.





