Es común recordar la serie Evangelion como una historia deprimente,
aunque existen otras producciones no tan conocidas pero igualmente inquietantes.
Bokurano (Nuestro), basada en el
manga de Mohiro Kitoh, es una de las
deconstrucciones más brutales y honestas del género de robots gigantes. No se
trata de héroes salvando el día, sino de la fragilidad humana ante un sistema
cósmico indiferente.
La historia comienza con 15 niños (8 niños y
7 niñas) que disfrutan de un campamento de verano. Explorando una cueva,
encuentran a un hombre misterioso llamado Kokopelli,
quien los invita a participar en un “juego” donde deben pilotar un robot
gigante para defender la Tierra de invasores. Lo que parece el inicio de una
aventura clásica se convierte rápidamente en una pesadilla. Los niños descubren
la terrible regla del Zearth (su
robot): la fuente de energía del mecha es la propia vida del piloto. Cada vez
que ganan una batalla, el niño que lo pilotó muere.
A diferencia de otros animes de acción, Bokurano dedica casi todo su tiempo a
los episodios individuales de cada niño antes de su batalla final. Es un
estudio de personajes muy curioso que responde a una pregunta incómoda: ¿Qué
harías si supieras que vas a morir en 24 horas y que tu sacrificio es lo único
que mantiene vivo al planeta? La diversidad de perspectivas está puesta sobre
la mesa: Vemos desde un niño altruista hasta uno que guarda un profundo rencor
contra la sociedad. Asimismo, a medida que avanza la trama, la serie no teme tocar
temas como el abuso, la corrupción política y la apatía de los adultos. El “juego”
en el que están involucrados los niños revela capas de horror existencial que
van mucho más allá de otras series mechas.
Las batallas entre robots gigantes, todos ellos
con formas muy diferentes entre sí, resultan interesantes dado que ocultan cosas
oscuras y fascinantes: existe una guerra entre planetas Tierra de distintos
universos paralelos, algo así como una sobrevivencia del más fuerte impuesta
por una familia adinerada hace mucho tiempo. Si un robot pierde, su universo es
destruido al instante. Todos los esfuerzos por cambiar esas circunstancias se
vuelven fallidos y no queda más que depositar la esperanza en los niños
pilotos. Así, la Tierra de los protagonistas es solo una más entre millones que
han existido y han desaparecido en esa guerra eterna, por lo que ganar todas
las batallas significa la sobrevivencia de la humanidad en el universo que la
serie nos cuenta.
Es importante mencionar que el anime,
producido por el estudio Gonzo, tomó
un rumbo diferente al manga original debido a que el director, Hiroyuki Morita, encontró la obra original
demasiado perturbadora. Del mismo modo, la animación es funcional, pero algo
envejecida (2007). El diseño de Zearth,
un robot que mide más de medio kilómetro de altura, es intencionalmente tosco y
alienígena, lo que refuerza la incomodidad. En cuanto a la banda sonora, la
joya de la corona de el opening Uninstall
de Chiaki Ishikawa. Se trata,
sin duda, de uno de los mejores temas de la historia del anime y encapsula
perfectamente la melancolía de la obra.
En definitiva, Bokurano no es una serie fácil de digerir. Es lenta, dolorosa y
visualmente sobria. Sin embargo, es una pieza imprescindible para los amantes
del anime psicológico dado que nos dejará pensando mucho después de que
terminen los créditos. Es una experiencia emocionalmente agotadora pero
profundamente necesaria para entender la evolución del género mecha.





