Regresamos de vacaciones
para seguir disfrutando de anime poco conocido e infravalorado. Para esta
ocasión aparece a la vista una serie histórica que maneja muy buen el drama y
si bien no es perfecta, sí consigue que el espectador no despegue la mirada
durante su primera parte. Para quienes estén buscando historias que no teman
descender a los abismos de la crueldad humana para luego mostrar una luz de
esperanza inquebrantable, Rainbow es
nuestra próxima parada obligatoria.
Ambientada en 1955, diez años después del
fin de la Segunda Guerra Mundial, la historia nos sitúa en el reformatorio
especial Shonan. Allí, seis jóvenes
delincuentes -cada uno con un pasado marcado por la tragedia- comparten una
celda donde el abuso de los guardias y la corrupción médica son el pan de cada
día. Sin embargo, su destino cambia al conocer a Rokurouta Sakuragi, un joven mayor que se convierte en su mentor y
les enseña que, incluso en el infierno, la lealtad y los sueños son las únicas
monedas que valen la pena conservar.
Madhouse,
la casa productora, no escatima en mostrar la brutalidad del sistema
penitenciario y las secuelas de la guerra. Sin tapujos muestra un anime maduro
que trata temas como el abuso, la corrupción y la pobreza extrema con una
sensibilidad sorprendente. No obstante,
el núcleo de la serie no es el dolor, sino el vínculo entre los siete
protagonistas. La evolución de desconocidos a “hermanos de sangre” está escrita
con una maestría que nos hará celebrar cada pequeño triunfo y llorar cada
pérdida.
Con una paleta de colores sombría que resalta
los momentos de luz (arcoíris), el estilo artístico de los años 50 está
perfectamente capturado: se trata de una visión realista del Japón que lleva un
rato en el periodo de posguerra. La dirección aprovecha las sombras para
intensificar la atmósfera de opresión.
La serie en sí no es perfecta y está
delimitada en dos arcos. El primero de ellos, el más emotivo, se centra en la
camaradería y el apoyo que se dan los protagonistas durante todo el tiempo que
se encuentran presos. Mientras tanto, el segundo arco cambia la historia de
golpe para contar cómo le fue a los chicos una vez que han cumplido sus
condenas. Si bien el periodo de posguerra se refleja en las dificultades para encontrar
trabajo y las tragedias personales, con el tiempo cada quien encuentra su
propio lugar en una sociedad que se recupera de la devastación. Pero justo este
arco desinfla un tanto la historia original, por lo que por momentos parece que
pudiera haberse omitido por completo para mantener la fuerza de la historia
principal.
En definitiva, no es un anime fácil de ver
ni muchos menos; requiere fortaleza emocional por parte del espectador. Pero si
se acepta el reto, la recompensa consiste en disfrutar una de las historias más
inspiradoras y realistas que la industria del anime ha producido. Se trata de
una lección sobre cómo encontrar el “arcoíris” tras la tormenta más oscura. Si
bien su segundo arco puede desencantar a los espectadores, el desarrollo de
personajes, la banda sonora y su cruda historia principal valen la pena el
esfuerzo.


