Hogar a la deriva (Drifting
Home) no es la típica aventura de supervivencia. Es una metáfora vibrante sobre
el duelo, la nostalgia y la dificultad de dejar ir el pasado. La premisa es
sumamente surrealista y curiosa: un grupo de niños queda atrapado en un antiguo
complejo de viviendas que, de repente, comienza a flotar a la deriva en un
océano infinito.
Para entender esta película, hay que hablar
de su director, Hiroyasu Ishida. Si aún no lo tienen en el radar, es momento de
descubrirlo. Ishida es la joya de la corona de Studio Colorido y representa una
de las voces más frescas de la animación japonesa actual.
El director tiene una capacidad única para
transformar entornos cotidianos y urbanos en fantasía desbordante. Ya lo
demostró con su película Penguin Highway, pero en Hogar a la Deriva eleva su estilo. A diferencia
de directores que dependen excesivamente del diálogo, Ishida confía en el
movimiento. Su dirección se siente cinética: uno como espectador puede sentir
el vértigo de los niños saltando entre edificios y la humedad del mar que los
rodea. Incluso muchos ven en él una sensibilidad similar a la de los grandes
maestros de la animación japonesa (como Miyazaki o Shinkai), pero con un
enfoque más infantil y juvenil, directo y técnicamente arriesgado.
Con respecto a la película que ahora
comentamos, Studio Colorido utiliza una paleta de colores brillantes que
contrasta con la melancolía del edificio en ruinas. La física del agua y la
iluminación son, sencillamente, de otro nivel. Aunque los protagonistas son
niños, los temas que la historia trata son adultos. El film explora cómo los
objetos y los lugares guardan recuerdos, y lo doloroso que es ver cómo esos
hogares desaparecen bajo el peso del progreso. Asimismo, pese a la apariencia “suave”,
hay momentos de peligro real que mantienen el pulso acelerado. La lucha por la
supervivencia se siente genuina.
Pero
el ritmo puede sentirse por momentos lento especialmente en el segundo acto, ya
que la cinta se toma su tiempo para explorar los traumas internos de cada niño.
Sin embargo, el clímax visual y emocional compensa cualquier bache en la
velocidad. Al mismo tiempo, el guion por momentos no se encuentra del todo
redondeado y pulido, aspecto que lleva a situaciones en donde incluso no hay
presentación de personajes y solo vemos aparecer a algunos de ellos sin mayor
explicación.
En definitiva, Hogar a la Deriva es una
experiencia sensorial. Es una carta de amor a la infancia y un recordatorio de
que el hogar no es el edificio, sino las
personas con las que se comparten los viajes. Hiroyasu Ishida se confirma aquí
no solo como un director prometedor, sino como una figura esencial que está
definiendo la estética del anime de esta década. No está de más explorar su
anterior película, Penguin Highway, cinta mucho más aclamada que da a conocer
al director al gran público. No está de más señalar que el director cuenta con
varios cortometrajes que ya dejan ver su estilo y que se recomiendan
ampliamente:
Fastening Days (tres cortometrajes)

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