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martes, 23 de junio de 2026

C – Control: The Money and Soul of Possibility

 


El día de hoy toca reseña de una serie que fue recibida como una joya en su año (2011), pero después de ello nadie se acordó de ella. Para quienes están cansados de los mismos isekais de siempre y buscan animes poco conocidos pero con premisas interesantes, ahora es cuando. Desgraciadamente, la serie que ahora comentamos pasó por debajo del radar de la mayoría del público, pero hoy en día curiosamente se siente más relevante: C – Control: The Money and Soul of Possibility.

   Producida por el reconocido estudio Tatsunoko Production y dirigida por Kenji Nakamura (Mononoke, Gatchman Crowds), este thriller psicológico y financiero nos plantea una pregunta incómoda: Si pudieras salvar tu presente vendiendo tu futuro como garantía, ¿lo harías?

   La historia sigue a Kimimaro Yoga, un estudiante de economía atrapado en la mediocridad de una economía japonesa colapsada. Kimimaro no sueña con ser rico: solo quiere estabilidad a través de un trabajo de oficina y una familia. Sin embargo, su vida cambia cuando un extraño hombre con aspecto de sombrerero loco, llamado Masakaki, lo invita al Distrito Financiero.

   A cambio de una inmensa cantidad de dinero en su cuenta bancaria, Kimimaro debe poner su futuro como garantía y participar una vez por semana en los Deals (Tratos). Dichos tratos son en realidad batallas de alto riesgo donde los participantes, llamados Entrepreneurs o Entres, luchan utilizando sus Assets, manifestaciones físicas de su futuro potencial. Si ganan, acumulan riquezas. Pero si pierden y se quedan en bancarrota, el futuro en el mundo real desaparece: sus hijos nunca nacerán, sus empresas quebrarán y sus propias existencias serán borradas de la memoria de los demás.

   Lo interesante de esta obra no solo son los combates visualmente psicodélicos, sino cómo se utiliza la terminología económica real –como inflación, microeconomía, liquidez y apalancamiento- para construir un sistema de magia donde el dinero es, literalmente, la vida. Además, resulta curioso cómo los gobiernos mundiales admiten que la economía también está basada en el dinero obtenido en las mencionadas batallas.

   A diferencia de los típicos villanos que quieren destruir el mundo por maldad pura, el antagonista principial, Souichirou Mikuni, busca algo trágicamente noble: inyectar dinero al Distrito Financiero para mantener el presente de Japón a flote sin importar que esté devorando las posibilidades de las próximas generaciones. Es un debate más que interesante sobre las crisis económicas reales.

   Nakamura, impregna la serie con su estilo característico. El Distrito Financiero es un lugar surrealista lleno de texturas en 3D, colores chillones y distorsiones visuales que capturan perfectamente la naturaleza artificial e inestable del dinero. Aunque el CGI de 2011 ha envejecido un poco, la dirección de arte compensa cualquier carencia técnica. Dato curioso: El anime se emitió justo después del terremoto y tsunami de Japón en 2011, lo que le dio un peso emocional y social gigantesco a su mensaje sobre la resiliencia y el miedo al mañana.

   Un aspecto a criticar es que la serie es demasiado corta (11 episodios) y no está a la altura de sus grandes ideas y elementos. Dado el corto tiempo, la historia se precipita en algunos puntos y no termina de ser memorable, aspecto que seguramente provocó que fuera olvidada muy rápido.

   En resumen, una serie que vale la pena ser recuperada y disfrutada. Como una serie de economía y psicología que busca romper el molde del anime tradicional, C – Control es una apuesta curiosa para quienes han disfrutado de grandes series clásicas como Death Note, Kaiji o The Tatami Galaxy. Se trata de una obra inteligente, profética y entretenida que pese a que su historia se queda un poco corta, merece salir de la lista de los olvidados.

                     

   


domingo, 8 de febrero de 2026

Lazarus

 


Si mezclamos la elegancia rítmica de Cowboy Bebop, la crudeza de John Wick y una banda sonora de jazz experimental, el resultado es Lazarus. Producido por el estudio MAPPA y Sola Entertainment, este anime no solo prometía ser el evento del año, sino que ha redefinido lo que esperamos de la animación de ciencia ficción contemporánea.

   La historia nos sitúa en el año 2052. La humanidad vive en una utopía gracias a Hapna, una droga milagrosa creada por el Dr. Skinner que elimina el dolor y la enfermedad. ¿El problema? Skinner desaparece y regresa tres años después con un anuncio aterrador: Hapna tiene un efecto secundario retardado. Todos los que lo consumieron morirán en exactamente 30 días. Para encontrar a Skinner y una posible cura, se forma un equipo especial de cinco agentes llamado Lazarus.

   Lo primero que salta a la vista es la dirección de arte. Shinichiro Watanabe abandona la melancolía del espacio para sumergirnos en un mundo tecnológico vibrante pero opresivo. Del mismo modo, las coreografías son de infarto: Gracias a la colaboración de Chad Stahelski, las escenas de combate se sientes tácticas y pesadas. No es magia, sino combate cuerpo a cuerpo y balística pura llevada al límite por la animación de MAPPA.

   Por otra parte, la banda sonora es espectacular (como en todas las obras del director). La música no es un acompañamiento, sino un personaje. Con la participación de gigantes del jazz y la electrónica (como Kamasi Washington y Floating Points), cada persecución se siente como un videoclip de alta gama. Asimismo, fiel a su estilo, Watanabe nos presenta a los miembros del grupo Lazarus a través de sus traumas y pasados, conectando las piezas de un rompecabezas global.

   Aunque  hay que señalar que no es una serie perfecta y presenta varios problemas que no la ponen en lo alto de la carrera de su director. Por una parte, el poder del guion siempre salva a los personajes de los apuros más extraños al grado de permitir que éstos salten de edificios con la esperanza de que se encuentren algo que los reciba en la caída y puedan continuar una persecución. Al mismo tiempo, la serie presenta algunos errores de continuidad y guion que desinflan un ejercicio estilístico por demás interesante. Si bien es una serie de anime por encima de la media, Lazarus queda un poco lejos de las grandes obras del director como Cowboy Bebop o Samurai Champloo.

   En definitiva, Lazarus es una carta de amor al thriller conspiranoico. Aunque el ritmo puede sentirse acelerado en los episodios centrales debido a la urgencia de la trama de los 30 días, la ejecución técnica compensa cualquier bache narrativo. Para quienes buscan una serie madura, visualmente impecable y con una trama que nos mantenga al borde del asiento, Lazarus es de visualización obligatoria. No es solo anime: es buen cine de acción fragmentado en episodios.