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lunes, 5 de octubre de 2026

Madlax

 Madlax

 En este blog nos gusta hablar de grandes directores un tanto olvidados y su paso por el anime. Si bien ya comentábamos en una entrega pasada el anime Noir, poco después salió esta segunda serie que conforma la trilogía de las gun and girls, producción que popularizó el tema y llevó a que años después se produjeran series de acción rápida mezcladas con lo absurdo de tener a varias chicas cargando armas pesadas y dándose de disparos con toda clase de criminales. Así, Madlax se presentó como la segunda propuesta contemplativa de su director cargada de una fascinante banda sonora.

   Lanzada en 2004 por el legendario estudio Bee Train, la serie que ahora comentamos se erige como una joya de culto dentro de la animación japonesa de la década de los 2000. Concebida bajo la batuta del magistral director Koichi Mashimo, este anime logró cautivar a la audiencia con una atmósfera única que fusiona el thriller psicológico, el espionaje internacional y elementos sobrenaturales. La serie sigue los pasos de dos mujeres con destinos aparentemente desconectados: Margaret Burton, una joven aristócrata atrapada en una nación asolada por la guerra civil sin recuerdos claros de su pasado, y Madlax, una enigmática agente a sueldo con habilidades de combate sobrehumanas que opera en el mismo conflicto.

   A medida que la trama avanza, ambas protagonistas descubren que sus identidades están unidas por un misterioso libro antiguo y una serie de recuerdos fragmentados relacionados con una tragedia pasada. El guion dosifica el misterio con maestría, introduciendo a personajes secundarios memorables como la agente secreta Vanessa René, cuyas investigaciones desvelan una conspiración global tejida por una siniestra organización conocida como Bookwald. Lejos de ser un simple anime de disparos y acción desenfrenada, la obra explora temas profundos como la dualidad de la psique humana, la búsqueda de la identidad y la culpa, manteniendo al espectador al borde del asiento mientras las piezas del rompecabezas encajan de forma impactante.

    Uno de los apartados más elogiados de la serie es su impecable dirección artística y su puesta en escena. Koichi Mashimo imprime su sello característico a través de un uso magistral de la luz, los silencios y encuendros cinematográficos que realzan la tensión de cada secuencia. Sin embargo, el verdadero pilar que eleva a Madlax a la categoría de obra maestra es la banda sonora compuesta por la virtuosa Yuki Kajiura. Con temas corales inolvidables, melodías operísticas y el icónico tema principal Nowhere —marcado por su pegadizo estribillo "Ya-la-tali"—, la música no acompaña simplemente a las escenas, sino que dicta el ritmo emocional, otorgando una solemnidad mística a cada enfrentamiento y a los momentos más introspectivos.

   La serie también destaca por su peso temático, sirviendo como la corpus espiritual de la trilogía informal de director sobre chicas con armas y destinos trágicos, precedida por Noir y continuada por El Cazador de la Bruja. En Madlax, la guerra no es solo un telón de fondo político, sino un espejo de la fragmentación mental de sus personajes. La evolución emocional de Margaret y la dualidad de la propia Madlax desafían las expectativas del espectador, ofreciendo un comentario sobre cómo el dolor y los recuerdos moldean aquello en lo que nos convertimos, todo ello envuelto en un aura de misterio metafísico que perdura mucho después de finalizar los créditos.

   Si bien es una serie recomendable, de nueva cuenta las limitaciones de la animación en algunos tramos pueden molestar o decepcionar a los fans contemporáneos del anime más pulido. De igual forma, el ritmo es pausado y contemplativo, y otorga a la serie un ambiente que requiere paciencia por parte del espectador, por lo que aquellos que estén acostumbrados a ritmos frenéticos pueden sentirse algo desesperados. A pesar de esto, los defectos y la falta de recursos son aprovechados por el director para ofrecer su propio estilo a la serie. 

   En resumen, Madlax es un anime imprescindible para los amantes del misterio complejo, las tramas de espionaje y las producciones con una fuerte identidad visual y sonora. Aunque su ritmo inicial pausado requiere paciencia, la recompensa es una de las experiencias narrativas más fascinantes y atmosféricas de los años 2000. Es una recomendación absoluta tanto para los veteranos de la industria que buscan nostalgia de calidad como para las nuevas generaciones dispuestas a descubrir los pilares del thriller otaku.

martes, 23 de junio de 2026

C – Control: The Money and Soul of Possibility

 


El día de hoy toca reseña de una serie que fue recibida como una joya en su año (2011), pero después de ello nadie se acordó de ella. Para quienes están cansados de los mismos isekais de siempre y buscan animes poco conocidos pero con premisas interesantes, ahora es cuando. Desgraciadamente, la serie que ahora comentamos pasó por debajo del radar de la mayoría del público, pero hoy en día curiosamente se siente más relevante: C – Control: The Money and Soul of Possibility.

   Producida por el reconocido estudio Tatsunoko Production y dirigida por Kenji Nakamura (Mononoke, Gatchman Crowds), este thriller psicológico y financiero nos plantea una pregunta incómoda: Si pudieras salvar tu presente vendiendo tu futuro como garantía, ¿lo harías?

   La historia sigue a Kimimaro Yoga, un estudiante de economía atrapado en la mediocridad de una economía japonesa colapsada. Kimimaro no sueña con ser rico: solo quiere estabilidad a través de un trabajo de oficina y una familia. Sin embargo, su vida cambia cuando un extraño hombre con aspecto de sombrerero loco, llamado Masakaki, lo invita al Distrito Financiero.

   A cambio de una inmensa cantidad de dinero en su cuenta bancaria, Kimimaro debe poner su futuro como garantía y participar una vez por semana en los Deals (Tratos). Dichos tratos son en realidad batallas de alto riesgo donde los participantes, llamados Entrepreneurs o Entres, luchan utilizando sus Assets, manifestaciones físicas de su futuro potencial. Si ganan, acumulan riquezas. Pero si pierden y se quedan en bancarrota, el futuro en el mundo real desaparece: sus hijos nunca nacerán, sus empresas quebrarán y sus propias existencias serán borradas de la memoria de los demás.

   Lo interesante de esta obra no solo son los combates visualmente psicodélicos, sino cómo se utiliza la terminología económica real –como inflación, microeconomía, liquidez y apalancamiento- para construir un sistema de magia donde el dinero es, literalmente, la vida. Además, resulta curioso cómo los gobiernos mundiales admiten que la economía también está basada en el dinero obtenido en las mencionadas batallas.

   A diferencia de los típicos villanos que quieren destruir el mundo por maldad pura, el antagonista principial, Souichirou Mikuni, busca algo trágicamente noble: inyectar dinero al Distrito Financiero para mantener el presente de Japón a flote sin importar que esté devorando las posibilidades de las próximas generaciones. Es un debate más que interesante sobre las crisis económicas reales.

   Nakamura, impregna la serie con su estilo característico. El Distrito Financiero es un lugar surrealista lleno de texturas en 3D, colores chillones y distorsiones visuales que capturan perfectamente la naturaleza artificial e inestable del dinero. Aunque el CGI de 2011 ha envejecido un poco, la dirección de arte compensa cualquier carencia técnica. Dato curioso: El anime se emitió justo después del terremoto y tsunami de Japón en 2011, lo que le dio un peso emocional y social gigantesco a su mensaje sobre la resiliencia y el miedo al mañana.

   Un aspecto a criticar es que la serie es demasiado corta (11 episodios) y no está a la altura de sus grandes ideas y elementos. Dado el corto tiempo, la historia se precipita en algunos puntos y no termina de ser memorable, aspecto que seguramente provocó que fuera olvidada muy rápido.

   En resumen, una serie que vale la pena ser recuperada y disfrutada. Como una serie de economía y psicología que busca romper el molde del anime tradicional, C – Control es una apuesta curiosa para quienes han disfrutado de grandes series clásicas como Death Note, Kaiji o The Tatami Galaxy. Se trata de una obra inteligente, profética y entretenida que pese a que su historia se queda un poco corta, merece salir de la lista de los olvidados.