El día de hoy toca reseña de
una serie que fue recibida como una joya en su año (2011), pero después de ello
nadie se acordó de ella. Para quienes están cansados de los mismos isekais de
siempre y buscan animes poco conocidos pero con premisas interesantes, ahora es
cuando. Desgraciadamente, la serie que ahora comentamos pasó por debajo del
radar de la mayoría del público, pero hoy en día curiosamente se siente más
relevante: C – Control: The Money and
Soul of Possibility.
Producida por el reconocido estudio Tatsunoko Production y dirigida por Kenji Nakamura (Mononoke, Gatchman Crowds), este thriller psicológico y financiero
nos plantea una pregunta incómoda: Si
pudieras salvar tu presente vendiendo tu futuro como garantía, ¿lo harías?
La historia sigue a Kimimaro Yoga, un estudiante de economía atrapado en la mediocridad
de una economía japonesa colapsada. Kimimaro
no sueña con ser rico: solo quiere estabilidad a través de un trabajo de
oficina y una familia. Sin embargo, su vida cambia cuando un extraño hombre con
aspecto de sombrerero loco, llamado Masakaki,
lo invita al Distrito Financiero.
A cambio de una inmensa cantidad de dinero
en su cuenta bancaria, Kimimaro debe
poner su futuro como garantía y participar una vez por semana en los Deals (Tratos). Dichos tratos son en
realidad batallas de alto riesgo donde los participantes, llamados Entrepreneurs o Entres, luchan utilizando sus Assets,
manifestaciones físicas de su futuro potencial. Si ganan, acumulan riquezas.
Pero si pierden y se quedan en bancarrota, el futuro en el mundo real
desaparece: sus hijos nunca nacerán, sus empresas quebrarán y sus propias
existencias serán borradas de la memoria de los demás.
Lo interesante de esta obra no solo son los
combates visualmente psicodélicos, sino cómo se utiliza la terminología
económica real –como inflación, microeconomía, liquidez y apalancamiento- para
construir un sistema de magia donde el dinero es, literalmente, la vida. Además,
resulta curioso cómo los gobiernos mundiales admiten que la economía también
está basada en el dinero obtenido en las mencionadas batallas.
A diferencia de los típicos villanos que
quieren destruir el mundo por maldad pura, el antagonista principial, Souichirou Mikuni, busca algo
trágicamente noble: inyectar dinero al Distrito Financiero para mantener el
presente de Japón a flote sin importar que esté devorando las posibilidades de
las próximas generaciones. Es un debate más que interesante sobre las crisis
económicas reales.
Nakamura,
impregna la serie con su estilo característico. El Distrito Financiero es un
lugar surrealista lleno de texturas en 3D, colores chillones y distorsiones
visuales que capturan perfectamente la naturaleza artificial e inestable del
dinero. Aunque el CGI de 2011 ha envejecido un poco, la dirección de arte
compensa cualquier carencia técnica. Dato curioso: El anime se emitió justo
después del terremoto y tsunami de Japón en 2011, lo que le dio un peso emocional
y social gigantesco a su mensaje sobre la resiliencia y el miedo al mañana.
Un aspecto a criticar es que la serie es
demasiado corta (11 episodios) y no está a la altura de sus grandes ideas y
elementos. Dado el corto tiempo, la historia se precipita en algunos puntos y
no termina de ser memorable, aspecto que seguramente provocó que fuera olvidada
muy rápido.
En resumen, una serie que vale la pena ser
recuperada y disfrutada. Como una serie de economía y psicología que busca
romper el molde del anime tradicional, C
– Control es una apuesta curiosa para quienes han disfrutado de grandes
series clásicas como Death Note, Kaiji o The Tatami Galaxy. Se trata de una obra inteligente, profética y
entretenida que pese a que su historia se queda un poco corta, merece salir de
la lista de los olvidados.